Mandala es un término proveniente del sánscrito que significa círculo, rueda, totalidad, o centro y periferia. En el Hinduismo y en el Budismo es reconocido como un diagrama cosmológico utilizado como foco y guía de la meditación. El Mandala constituye una representación del Universo y el orador, ha de introducirse en la meditación, concentrándose de forma paulatina en cada uno de sus estados y absorbiendo la lógica de su forma, de afuera hacia dentro. Un Mandala consiste en una serie de formas concéntricas que sugieren una travesía entre diferentes dimensiones. En su esencia no sólo pertenece o representa a la tierra, sino también al macrocosmos y microcosmos, a los más grandes procesos estructurales, así como a los más pequeños. Un Mandala es el paso, la transición, entre ambos. Los Tantras budistas describen gran número de Mandalas, adecuados a diferentes tipos de personas, aunque su estructura es idéntica. El Budismo japonés utiliza dos clases de Mandalas, el Mundo del Útero y el Mundo del Diamante, correspondientes a dos técnicas de meditación: la primera ensancha la atención, mientras que la segunda la concentra. Para los Occidentales, la reintroducción popular del Mandala se inicia con Carl G. Jung, quien redescubrió el Mandala como un recurso estructural básico en la tradición alquímica del Oriente, y como una forma artística terapéutica integrativa, creada por los pacientes en su propia búsqueda de individualidad. En Oriente, los Mandalas del Buda Vairóchana, muy corrientes en las categorías del Tantra budista, muestran una gran profusión de budas celestiales, así como la naturaleza última de la realidad. Existen numerosas reproducciones pictóricas e iconográficas de Mandalas, desde pergaminos policromos hasta el enorme monumento o piedra gigante de Borobudur (estructura budista en forma piramidal), pasando por las increíbles pinturas de arena del budismo tibetano. La universalidad del Mandala radica en su constante: el principio del centro. El centro es el comienzo del Mandala, como es el comienzo y origen de toda forma y de todo proceso, inclusive de las extensiones de las formas en el tiempo. El centro es símbolo del potencial eterno. De la misma inagotable fuente nacen y se desarrollan todas las semillas, todas las células descubren sus funciones; incluso en el centro del átomo no hay nada sin el núcleo, su semilla-sol, alrededor de la cual giran sus partículas-componentes. El principio cósmico a través del cual se sostienen las formas perceptibles, y que gobierna el proceso de transformación de todas las cosas. Esto sólo se realiza, porque el principio del centro se manifiesta a través del hombre, a través de una flor o de una estrella, de la misma forma; en ello podríamos descubrir nuestro parecido cósmico, nuestra comunidad cósmica. El Mandala debe ser construido con mucho cuidado y concentración. Él simboliza varios niveles de auto conocimiento del individuo, así como niveles de la energía que unifica y cura. Hacer un Mandala es una actividad universal, un ritual de auto-integración. El Mandala es un sistema ideográfico utilizado por muchas culturas del mundo, mas allá de la japonesa, hinduista o budista, para expresar una serie de ideas universales y divinas. Así encontramos manifestaciones Mandálicas en las culturas Cherokee, Cheyenne, Maya, Azteca, Inca, Mapuche, Diaguita, y tantas otras. El Mandala es una representación circular a modo de contenedor de un espacio sagrado. Pero no debemos imaginarlo sólo en forma de dibujo, pues en la India, por ejemplo, hay un gran número de bellos templos realizados en forma de Mandalas. Asímismo son expuestos también a través de la arquitectura y la escultura. Figuras geométricas y simbólicas de variados colores y texturas son las que forman un Mandala, y sus objetivos son igualmente diversos: inducir a la meditación, ayudar a la curación, armonizar un ambiente, generar energía vital, ofrendar a una divinidad etc. Hoy en día los mandalas, han evolucionado tanto que incluso pueden ser creados sobre diferentes soportes (piedra, lienzos o tablas de madera) y con variados materiales modernos. Sin embargo, los mandalas más conocidos son los realizados en dibujos y los que, por ejemplo, realizan los monjes tibetanos, sobre el suelo con granos de arena coloreados, y que una vez terminados son destruidos, como símbolo de lo efímero del mundo material y la importancia del desapego a él. 
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